Nueva Arcadia de Sebastian de Zaldua

Nueva Arcadia

Aquel cuadro mostraba a los ingleses triunfantes durante la invasión de 1807, cuando la Corona Británica se hizo con el control de la ciudad. Tardaron en pacificar a la población, pero al final lograron asentarse en el territorio, expandiéndose en todas las direcciones de Sudamérica

James Beresford se alejó del cuadro, sintiendo que era una responsabilidad muy grande ser descendiente de aquel héroe de su país, conquistador del Virreinato y primer Virrey de la corona inglesa en territorios americanos. Sobre todo, en ese 1895 cuando las colonias se estaban rebelando.

Las tropas enemigas estaban cercanas a la capital, un gran contingente que avanzaba luego de ganar dos batallas claves en el centro y el norte del territorio. Comandados por el Coronel Manuel Belgrano, hijo de Manuela Mónica Belgrano y nieto de aquel hombre que se atrevió a desafiar a su abuelo durante las invasiones iniciales, parecían no encontrar obstáculo en su avance.

Subió las escaleras del palacio de gobierno, tratando de alejarse un momento de sus comandantes, oficiales y estrategas, necesitaba hablar con alguien más, pero debía ser un encuentro a solas. El futuro de Nueva Arcadia dependía de aquella conversación el Visitante.

Al llegar al techo, encontró al Visitante parado casi al borde del techo del palacio, mirando el horizonte. Lo conoció diez años antes, cuando se había dado el primer foco rebelde en las cercanías de la capital.

― No pensé encontrarlo tan pronto ―dijo James, aunque no lo creía en serio.

― Has arruinado tu oportunidad ―sentenció el Visitante― el experimento ha terminado.

― ¿De qué hablas?

Desde el principio James se tuvo que comunicar con el Visitante en esa lengua salvaje de los rebeldes, algo que le molestó, ya que no era el lenguaje de los caballeros. Pero cedió después, a pesar de las advertencias de sus consejeros, cuando el Visitante demostró tener información privilegiada, que les dio un par de triunfos.

― El experimento terminó. El resultado siempre termina siendo el mismo. No importa quien domine o conquiste estas tierras, siempre se rebelarán contra sus dominantes.

― Lo que dices no tiene sentido.

― Para ti no ―dijo el visitante dando media vuelta― pronto esta línea de tiempo dejará de existir, porque ni siquiera pudieron generar lo que necesitamos.

James se quedó mirando al Visitante. En ese momento se dio cuenta de las ropas extrañas que esta vez traía.

― Sé que mis ropas te parecen extrañas, James ―dijo el Visitante― me voy a dar un gusto antes de irme ―y señalando cada prenda que mencionaba, continuó―, esto es una gabardina, un jean, borcegos, camisa negra. Lo que tengo en la pierna es una bandolera que lleva un arma que nunca en tu vida podrías haber imaginado. Así que no intentes desenfundar, porque no tendrá sentido que lo hagas.

A pesar de la advertencia, James sacó su arma y disparó en el pecho del Visitante. Éste no se movió siquiera un centímetro.

― Who are you? ―dijo sin saber qué más hacer.

― Solo alguien que corrige líneas temporales. ―contestó― pero ahora es momento de que todo vuelva a la normalidad. ―comenzó a alejarse en dirección al borde del edificio― hemos probado la variación del tiempo y algunos eventos son inevitables ¿Así que para qué cambiarlos?

― No entiendo lo que dices.

― Por supuesto que no ―el Visitante se quedó parado al borde del techo del edificio. Dio media vuelta, mirando a James a la cara― Me encomendaron la misión de modificar líneas temporales. Hay una amenaza que se acerca y necesitamos a los mejores de los mejores. Pero al parecer esta no es de esta forma. Y tu ataque sin sentido terminó de probarlo.

― ¿Una amenaza? La corona puede ayudar ―aseguró James, sintiendo un nerviosismo en sus entrañas.

― La corona inglesa no es más que un átomo frente a esta amenaza ―aseguró el visitante― he ido al futuro y ni siquiera pueden mantener esta colonia. Tú serás ejecutado cuando las tropas del Coronel Belgrano tomen la capital y esta tierra sea liberada y llamada Argentina, como en la línea temporal original.

Ante aquella explicación, a James le quedó claro que le estaban mintiendo. No entendía los conceptos que el Visitante utilizaba, pero estaba seguro que se trataba de un espía. Un grupo de soldados y oficiales entró a la carrera, llamados por el disparo realizado minutos antes.

― Sir James ―gritó uno― Are you ok?

― Yes ―contestó― arrest this man. Is an enemy of the crown.

― Le recomiendo no hacer eso ―dijo el Visitante― si lo hacen, ninguno saldrá con vida de aquí.

― Arrest him! ―Gritó James, ante los sorprendidos soldados y oficiales― kill this man in the name of the Queen!

Los soldados se abalanzaron sobre el Visitante, algunos disparando. Pero ninguna bala daba a su objetivo. Durante los segundos que duró la carga, el Visitante sacó su arma de la funda en la pierna. James no dio crédito a sus ojos. La luz misma parecía salir de la punta de ese extraño cañón, atravesando la piel y la carne de los soldados, dejando inmensos huecos allí donde tocaron.

― Les dije que no hiciera eso.

Tanto James como sus oficiales sobrevivientes, se quedaron paralizados. Pero la sorpresa fue aún mayor cuando el Visitante caminó más allá del borde del techo, flotando en el aire mientras guardaba el arma en su funda.

― Lamento no volver a verle, Sir James, Virrey de las colonias de la Reina ―dijo― de verdad me cayó bien.

Al terminar de pronunciar esas palabras, desapareció en una nube multicolor que lanzaba pequeños rayos en todas direcciones.

Ante los ojos de Sir James, el espectáculo concluyó con un mundo que se deshacía en polvo, que se apagaba para nunca regresar.

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