Isla Silenciosa de Sebastian de Zaldua

Isla Silenciosa

Cuando lo empujaron a la celda, le dijeron que solo podía hablar en caso de ser necesario o si lo autorizaban.

― ¿Dónde está Lobo? ―preguntó

― Silencio

La puerta de la celda se cerró con un estruendo, dejándolo allí en la penumbra, ahorcado por el silencio de la prisión de la Nueva Muerte.

Desde el puerto de la Isla hasta la entrada del castillo, lo hacían callar a fuerza de gritos y golpes. Lobo intentaba intervenir, pero recibía el mismo trato. Pero al trasponer la entrada del castillo, todos los guardias guardaron un profundo y completo silencio, solo susurrando en caso de tener que darle instrucciones para que se dirigiera a la izquierda o la derecha. El paisaje era el de siempre, algo que no le sorprendió. Un páramo maltratado donde apenas podía haber vida, una tierra olvidada por los dioses, dejada en manos de un ser que consumía la vida para poder seguir existiendo.

Pensaba en las formas de escapar, cuando la puerta de la prisión se abrió y entraron los mismos guardias con otro prisionero.

― ¡La puta madre! ―gritó― ¿Me va a dejar acá, hijos de puta?

― Silencio ―dijo el guardia lo más fuerte que pudo.

― Metete en el culo el silencio ―contestó el nuevo prisionero y comenzó a cantar una canción plagada de groserías.

El guardia descargó un golpe con el mango de su alabarda en el estómago del nuevo prisionero, que se calló enseguida, retorciéndose en el piso. Lo agarraron del pelo para meterlo en la celda junto a aquel que habitaba la oscuridad.

― Pará, mierda ―decía mientras lo arrastraban― ¡Hijo de puta! ¡Eso duele!

Luego de meterlo, le dieron otro golpe más fuerte en la boca, haciéndole caer un par de dientes entre un chorro de sangre. Despidió a los guardias mostrándoles el dedo del medio.

Pasaron las horas en silencio, acompañados solamente con el sonido del mar al otro lado de las paredes de la celda y los escupitajos y quejas por lo bajo del nuevo prisionero. Aquel que habitaba la oscuridad siguió pensando formas de escapar. Debía rescatar a Lobo y acabar con la Nueva Muerte lo más pronto posible.

― ¿A vos por qué te trajeron? ―preguntó el nuevo prisionero. Al ver que su compañero no respondía agregó― Me llamo Miklea. Vengo de una ciudad al sur. Los hijos de puta estos me agarraron buscando chatarra y esas mierdas. ¿Vos cómo te llamás? ¿No me vas a decir o te hacés el especial, tarado?

― Dices muchas groserías para pedir amabilidad.

― Pues perdóname que no sea amable, pero… ¡Me cagaron a golpes y me tiraron en esta puta celda! ¿Cómo mierda querés que me sienta?

Si hubiesen estado fuera de la celda, lejos de la limitación de los barrotes, él hubiese golpeado en la cara al prisionero nuevo, terminando el trabajo de los guardias. En su mundo era inconcebible que cualquier persona se le dirigiera a él o a su familia de aquella forma tan grosera.

 ― Me llamo Brandon ―dijo― Otros me dicen “El que Habita en la Oscuridad”

― Bastante dramático ¿Qué te costaba decirme eso? ¡Carajo! Me reventaron todos los dientes de adelante, voy a tener que conseguir esas prótesis chotas.

― Si me ayudas a escapar ―dijo Brandon, pensando en esa afirmación― te llevaré al lugar de donde vengo. Allí arreglan dentaduras con mucha facilidad.

― Ah, ¿sí? ¿Y cómo sé que no me estás verseando?

― No lo sabes.

― Mirá que peudo conseguir unos baratos de donde YO vengo y no tengo que hacerte ni puto caso.

― Si. Puede ser. No sé de dónde venis, no conozco bien tu mundo. Pero… una pregunta ¿Cómo vas a hacer para salir de aquí sin que te atrapen o te maten?

Ante esa pregunta Miklea solo pudo contestar con otra catarata de groserías.

Los guardias ingresaron a la prisión atraídos por el desafinado canto de Mikleas. Antes de abrir la celda le ordenaron dos veces que guardara silencio. Pero no lo hizo y Brandon se unió al canto con un voz ronca y seca.

Un guardia abrió la celda de Mikleas y comenzó a golpearlo mientras otro ingresaba a la de Brandon. Pero éste atajó el golpe y descargó su palma en el pecho de su agresor, para luego hacer un barrido con el pie y hacerlo caer al piso. Finalmente, le dio otro golpe en la cara con el puño cerrado, dejándolo inconsciente.

Al instante fue a la otra celda, donde noqueó al guardia con un golpe seco en la nuca.

― ¡Tomá, hijo de puta! ―gritó Mikleas.

― Si vas a continuar conmigo, modera tu lenguaje o te pasará lo mismo que a los guardias, pero más lento.

Mikleas estuvo a punto de contestar, pero vio en la mirada de Brandon una decisión que le hizo cerrar la boca. El hombre no estaba bromeando.

― ¿A dónde vamos? ―preguntó Mikleas― Conozco unos buenos burdeles al sur.

― Debo recuperar mi equipo y mi compañero ¿Sabes dónde puedo encontrarlos?

― Si, tercer piso del castillo, más cercano al lado de las murallas.

― Sabes demasiado bien donde esta eso.

― No soy un espía te aclaro. Solo que a veces me he metido para robarles un par de cosas.

― Bien. ―contestó Brandon extendiendo su mano― vete si quieres a tus burdeles ―cuando Mikleas le estrechó la mano―  si llego a descubrir que me traicionaste, te voy a encontrar y desearas nunca haberme conocido ¿Está claro? ―luego de que asintiera con la cabeza, Brandon lo soltó.

Sin decir más palabras, salió por la puerta de la prisión, armándose con una de las alabardas de los guardias. No era la mejor arma, pero al menos se podía defender hasta que recuperara las suyas.

Recorrió los pasillos escondiéndose en los rincones oscuros, evitando hacer sonidos, esquivando a los guardias. Cerca de donde Mikleas dijo que estaban sus cosas, un depósito de doble puerta, escuchó el llanto de Lobo. Estaba al otro lado del pasillo, justo doblando la esquina. Brandon supo que, si se desviaba, tendría que mantener a Lobo tranquilo para poder llegar al depósito. Pero lo necesitaba para poder cubrirse las espaldas.

Llegó hasta el lugar de donde venían los quejidos. Solo dos guardias. Derribó a uno de un golpe sorpresa y al otro le destrozó la frente con la punta inferior del arma. Dio gracias que funcionó, porque no era ningún experto con esa arma.

Abrió la puerta y se encontró a Lobo atado, con un bozal, metido en un rincón. Sin decir nada, le arrancó las ataduras y el animal le saltó encima para lamerle la cara. Brandon le hizo caricias y luego una seña para que guardara silencio y lo siguiera.

Regresó por el pasillo. Entró a la bodega y recuperó sus armas. Antes de irse, echó un vistazo, dándose cuenta que los tesoros y armas allí guardados procedían de otros lugares más allá de ese mundo.

Los pasillos estaban plagados de enemigos. Por lo que tuvo que usar sus habilidades para esconder a Lobo también. Un descuido, hizo que uno de los guardias los viese cuando estaban por cruzar la puerta del patio, hacia la noche y la libertad más allá. Aunque corrieron, se dio cuenta de que no llegaría lejos.

Se preparó para pelear, desenfundando el revólver y la espada corta, con Lobo en guarda a su lado. Una fuerte explosión sobre los guardias le desconcentró de su postura. Al disiparse el humo, vio que no quedaban más que restos humeantes y pedazos desperdigados del grupo de guardias. Sobre la muralla, una silueta se alejaba corriendo, agitando una mano en el aire.

― ¡Me debes una, culiao! ―gritó la silueta.

A Brandon se le hizo un nudo en la panza. Al menos un golpe en la cara le daría a ese hombre cuando lo cruzara de nuevo.

Corrían a toda velocidad para llegar al puerto. Brandon sabía que ya no contaba con el elemento sorpresa, si es que alguna vez lo tuvo. Llevaba las armas listas para defenderse y sabía que Lobo estaba ahí para ayudarlo.

Pero estando a poca distancia del puerto, se detuvo al ver una silueta avanzar hacia ellos. Lobo hizo lo mismo, pero se puso en guardia al sentir la presencia, algo que Brandon imitó.

De los costados de aquella silueta, comenzó a manar un humo amarillo que pronto tomó la forma de un ser que conocía bien, un ser que estuvo buscando a lo largo y ancho de los universos: La Nueva Muerte, también conocida como Numuerte en su mundo natal.

Apuntó a su enemigo… y disparó.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea un sitio web o blog en WordPress.com

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: