Ouroboros II: El Ciclo continúa de Sebastian de Zaldua

Ouroboros II: El Ciclo continúa

La primera vez que se encontró con la serpiente, fue al final del anterior encuentro de escritores. Fue usado como un símbolo en una historia, no recordaba bien quién; porque al final resultó solo ser algo pasajero. Pero ella quedó prendada con ese símbolo, sintiendo que el concepto se le metía en la piel.

Ouroboros le hablaba de a ratos. Jansen lo tomó como algo que trasciende más allá de la percepción: Un Dios. Como escritora que era, quiso contentar a su Dios, mitigar su aburrida eternidad con las historias que ella contaba y escribía delante del cuadro del Ouroboros.

Aunque eso amenizaba a la serpiente, no eran suficientes. Una simple humana no podía mantener entretenido a un Dios. Así que ideó el plan de generar un círculo de escritores que durara lo suficiente.

Jansen se levantó del círculo una vez más pese a que sus amigos se lo recriminaban. Una vez más fue hasta su habitación, pero esta vez no fue a ver a su Dios, al tutor de su propia existencia. Quería agarrar una campera porque había sentido una repentina brizna fría recorrer todo su cuerpo.

Revolviendo el armario, ser percató de que un nuevo día estaba empezando ¿Cuánto tiempo llevaba ya el círculo funcionando? Tomó la campera en las manos, pensando en toda la situación.  Allí estaba Julio también, atrapado en algo que los superaba.

Pero eso no es lo importa, te pensó, son esclavos de Ouroboros, aunque no lo sepan.

Eso era cierto. Ella por voluntad propia, adoraba a ese Dios serpiente, a su mirada intensa que le atravesaba el alma cada vez que lo miraba, atrapándola con su profunda voz de serpiente; una voz que parecía contener la sabiduría y la calma de la que solo pueden hacer gala los seres superiores al humano.

Aun así, se puso a pensar en la sensación que tenía cada vez que miraba el cuadro. En ese momento sintió una picazón en el alma.  Un pedacito de cordura comenzó a colarse en su cabeza, la primera en meses. ¿Qué estaba haciendo?  ¿Qué lograba con todo aquello? Se volvió hacia el cuadro de su Dios serpiente, cada vez con menos velas. Una información se le estaba escapando, de eso empezaba a estar segura.

Hizo tres pasos hacia el cuadro, con la campera todavía en las manos. Jansen vio que en el centro del Ouroboros, donde antes solo estaba una oscura combinación de colores, ahora aparecían dibujados trece brillantes círculos dorados.

Sintió la urgencia de salir de allí, confesar de alguna forma a los demás todo lo que estaba pasando. Esos brillantes círculos dorados, le mostraban que ella no era ninguna tutora del grupo, no estaba en ningún escalón superior en la jerarquía del Ouroboros; apenas era una mujer más ante los ojos de una dracónica deidad eterna.

Levantó la mirada, cruzando sus ojos con los de la serpiente.

La eternidad invadió el interior de Jansen.

Al volver, se sentó en su lugar. Los demás la estaban esperando para continuar con las historias, no podían dejar de lado a la anfitriona.

― Che, Jan ―dijo Julio y ella dio un respingo― ¿No te vas a poner la campera?

― ¿Eh? ―contestó ella bajando la vista hacia sus manos.

Se puso la campera sin recordar cómo había terminado en sus manos.

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