La nueva muerte de Sebastian de Zaldua

La nueva muerte

Un lobo olisqueó una muñeca tirada en el suelo, tratando de entender qué era esa cosa inmóvil, tan parecida a los humanos que vio muchas veces.

Fue hasta la puerta que muchas veces quiso atravesar, atraído por los brillos y los sonidos que manaban del interior. Aquello le parecía más interesante.

Al llegar, rasgó con las patas, pero la puerta no cedió. Se quedó sentado, agitado de tanto calor que hacía. Aulló, llamando a quien pudiera abrirle esa puerta. Una voz se coló entre sus neuronas lobas, haciéndole entender que aquello al costado de la puerta era lo que se usaba para entrar. Se estiró hasta ese objeto, olisqueándolo. La voz en el interior de su cabeza, le dijo que le guiaría. El Lobo se sintió seguro con aquella voz, dejándose guiar, apretando una serie de cuadraditos.

La puerta se abrió muy poco, pero lo suficiente para que pudiera pasar. Solo debía agacharse y estaría dentro de aquel lugar que tanto le llamaba la atención cuando estaba repleto de esos lobos sin pelo y que caminaban a dos patas.

“Humanos” le aclaró la voz. Así era cómo se llamaban los que vivían en ese lugar. El Lobo recordó muchas veces que esos Humanos lo echaban a piedrazos y gritos. La voz dijo: “No te preocupes. Ahora ya no están. Yo te guiaré”

En su recorrido vio que los humanos estaban muertos. Unos estaban caídos contra la pared, otros sobre unas mesas de ping pong, justo al lado de otros desparramados sobre unos sillones. La luz era tenue, dándole na todo un aspecto de ultratumba que podría amedrentar a cualquier persona. Pero Lobo no era un humano y sus ojos agradecían aquella débil luz.

La siguiente puerta la abrió usando solo las patas. Era una de doble hoja, tras la cual encontró a más humanos muertos. Esta vez se encontró con que algunos cayeron de camino a la puerta por la cual acababa de entrar. En el interior un televisor seguía encendido, mostrando un programa en el cual los contendientes intentaban demostrar conocimiento a cambio de dinero. La Voz le explicó en pocas palabras que eso hacían los humanos cuando querían tener una salida fácil para no trabajar. No se molestó en explicarle qué era trabajar.

Continuó su camino, encontrando el mismo espectáculo que en salas anteriores. El lugar era más profundo de lo que Lobo esperaba, pero la voz le guiaba y le aseguraba en su idioma que al final del recorrido encontraría algo para él y su manada.

En una sala en el corazón de aquel lugar inexplicable para la mente de un lobo, se encontró con una gran puerta. La Voz le dijo que estaba al otro lado, atrapado por esos humanos desde hacía demasiado tiempo. Necesitaba ser libre, como él, que podía vivir tranquilo en el exterior con su manada. Lobo se sentó a esperar instrucciones de parte de su guía, pero algo en sus instintos le empezaba a molestar.

La Voz le enseñó lo que tenía que hacer para liberarlo. Lobo lo hizo, pero al momento de que la puerta se abrió, un gran viento lo lanzó contra la pared opuesta, dejándolo un poco atontado en el piso. Ante los ojos preocupados de Lobo, un humano salió de esa sala en su interior, uno mucho más grande que cualquiera que hubiera visto en su vida.

― Gracias por liberarme ―dijo y Lobo pudo entender ― no contaba con que los humanos pudieran cerrar este lugar antes de mi escape. Ahora es momento de irme.

Mientras Lobo intentaba ponerse de pie, aquella Voz corporizada se alejaba a paso lento por los pasillos que antes fueron recorridos por cuatro patas peludas.

 

Al regresar a la entrada, se encontró con ese humano extraño, parado de cara al sol. Lobo se acercó con cuidado, ya tenía una pata lastimada por el golpe.

― Dejaré que entiendas lo que digo ―dijo el humano― aunque estoy atrapado en este cuerpo, puedo ser muy peligroso para vos solo, Lobito.

Lobo no se dejaba amedrentar tan fácil, pero sabía que ese ser era una amenaza para él. Gruñó, pero eso no preocupó a su nuevo contrincante. Se acercó mostrando los dientes, pero no obtuvo mejor resultado.

― Ahora me iré ―dijo― tengo cosas que hacer. Cosas más importantes que lidiar con perros involucionados.

Aulló con todas sus fuerzas, y en ese momento el humano volvió la vista preocupado. Lobo se percató de ese detalle, aullando con más fuerza. Recibió un golpe en medio del hocico, haciéndole volar hacia la puerta a medio abrir.

Desde el piso, Lobo vio que el humano le gritaba, pero ya no entendía sus palabras. Solo eran sonidos aleatorios que apenas comunicaban que se acercaba su final.

Un aullido llamó la atención de ambos. Los ojos de Lobo vieron que su manada se acercaba con el macho alpha a la cabeza del ataque.

Ese humano extraño intentó defenderse, pero el poder de la manada pudo más. A los pocos minutos yacía despedazado en el piso, luego de ser pasado por los dientes y garras de más de quince lobos feroces.

Mientras ayudaban a Lobo a ponerse de pie, vieron como una columna de humo verde se elevaba desde el cuerpo destrozado en la entrada del edificio, riéndose mientras se alejaba hacia el cielo, escapando de todo alcance.

― Soy la nueva muerte ―anunció de tal forma que los Lobos le entendieran― y en este mundo empieza mi reinado.

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