Arayashiki de Sebastian de Zaldua

Arayashiki

Siempre gozó de buena memoria, recordando datos muy puntuales. Pero nunca había logrado lo que podía hacer durante esos meses de 2019, cuando algo en su cabeza se abrió, dejando pasó a algo que le cambiaría la vida para siempre

Caminaba revisando los archivos, tratando de mantener el orden. La calma le embargaba cada vez que visitaba aquel lugar. Comprendía que no era algo de lo que sentirse orgulloso, puesto que el orgullo es un obstáculo en el camino. Sino que lo veía como una forma de soltar y archivar.

Le dijeron que no era normal, una persona no podía tener acceso tan fácil a su propia memoria. Incluso algunos llegaron a decirle que quizás lo que tenía en realidad era Hipertimesia. Una especie de problema de la memoria, que aumentaba la función de evocación, y que provocaba recordar hasta el más mínimo detalle de lo vivido. Llegaron a decirle que podía sufrir un ACV o algo por estilo si seguía forzando su cerebro de aquella forma.

Pero él estaba convencido de que no sufría tal cosa. Lo que esas personas no sabían, era que la mejora en su memoria llegó después de mucho tiempo rebuscando y ordenando su interior, siguiendo algunas enseñanzas de Buda, aunque no todas, y acceder a su octavo sentido, conocido en el budismo como Arayashiki. Al darse cuenta de lo que hizo, sospechó que la dirección que tomó fue debido a su miedo de olvidar las cosas como le sucedió a su madre antes de morir.

Al no ser un monje o un dedicado absoluto al budismo, tuvo que consultar con los que sabían sobre lo que le estaba pasando. Porque el despertar de ese sentido, fue como si le cayeran mil archiveros de información en su cabeza.

Una amiga budista, le explicó en general de que se trataba el Arayashiki. Pero le advirtió que no era bueno que lograra despertar eso sin estar dedicado por entero al budismo y los caminos de la iluminación. Luis agradeció los consejos, pero desechó en secreto la advertencia, convencido de que podía controlar su propio interior.

Uno de esos días, recorría su sección literaria buscando el nombre de un libro a pedido de una amiga, cuando encontró una pluma negra tirada en el piso del almacén de su memoria.

No le prestó atención hasta que en las siguientes visitas fue encontrando cada vez más plumas del mismo color. ¿Era posible que hubiera alguien más? Eso era imposible ¡Era su interior y nadie más que él podía estar ahí!

Tiempo después, comenzó a escuchar sonidos provenientes más allá de la puerta del almacén. Revisó todo el lugar, pero no encontró a nadie. Durante otras visitas que realizó, volvió a escucharlos, como si se tratara de pasos y aleteos.

Volvió a hablar con su amiga budista, esta vez centrándose en el asunto del intruso.

― Si lograste despertar eso sin el debido proceso, aunque lo veo poco probable ―le dijo entre mates― es posible que no pusieras en armonía todo lo que tenés adentro y eso que aparece sea un demonio o algo oscuro que mora por ahí.

― Yo lo tomaba como un almacén donde se guardaba información.

― A simple vista puede parecer eso. Pero ninguna casa es solo sus paredes y sus muebles, siempre hay más cosas que las que uno puede ver. ―explicó― somos más complejos en nuestro interior de lo que nos gustaría admitir. El poder tener acceso a todo lo que has aprendido y experimentado, no es algo para tomar a la ligera, no es un lugar al que vas de vacaciones de vez en cuando.

― Y ahí me estás retando ―se defendió― ¿No sería eso apego o algún pecado?

― Entendés poco, Lucho. Has logrado acceder algo demasiado grande por tu cuenta. A lo mejor era una facilidad para vos, algo que asustaría a los demás. Yo solo trato de explicarte lo peligroso que es explorar tu interior sin la debida guía. Porque es el lugar más complicado en el que te podés meter.

― ¿Pero que son esas plumas negras que encuentro?

― No sé. Es algo que solo vos podés averiguar. Aunque te enseñen mucho, el camino de salida de la ignorancia solo podés hacerlo vos. Tené en cuenta que, aunque esté en tu interior, puede provenir de más afuera. Buda fue tentado por Mara para joderle el interior. Pero ese demonio era externo.

Aunque no estaba satisfecho con la respuesta, en realidad le parecían muy vagas y de poca ayuda, regresó a su casa con la idea de que debía tener un poco más de cuidado.

Un par de días después encontró su almacén en completo caos, regado de plumas negras.

― ¿Quién hizo esto? ―preguntó tratando de mantener la calma― No puedes estar aquí y demando que te muestres ante mí.

Una figura humanoide apareció en el umbral del almacén. Tenía el mismo aspecto de Luis, salvo que tenía casi todo el cuerpo cubierto de plumas negras.

― ¿Qué? ¿Quién eres?

― Algo que ocultaste en lo profundo. ―contestó con la misma voz de Luis― ni siquiera me incluiste cuando experimentaste el Arayashiki. Ni siquiera me dejaste estar aquí.

Luis trató de alejarse, pero su espalda dio contra un archivero. Intentó volver a la realidad, salir de su interior, pero tampoco pudo. Ese ente parecía tenerlo atrapado allí.

― ¿Entiendes lo que has provocado en tu interior?

― No tratés de confundirme. Vos sos parte de mí.

― Así es. Como cada archivo aquí. ¿Crees que es todo inocente? ¿No crees que estos archivos y recuerdos e información tienen voluntad propia?

Luis no supo qué contestar. Había aceptado aquel lugar como parte de si, que podía controlar.

― No puedes tener este poder sin realizar el camino ―dijo su doble emplumado de negro― el karma no lo permitirá. Es tener una ventaja sobre otros que hacen el camino y resignan los avances que no corresponden a su momento.

― ¿Buda te dijo eso?

― ¿Crees que solo Buda habita los planos superiores de existencia?

Luis no supo qué contestar. Eso escapaba a su conocimiento, sabía que la respuesta a ello no estaba en su archivero por más que buscara. Y sabía que aquel ente no le permitiría hacerlo.

― Siddartha Gautama solo es uno de los tantos iluminados que están en aquellos planos ―continuó el ente― algunos nos dedicamos a mantener el orden y que ciertos aspectos sigan el curso del camino de la iluminación. Tú no eres alguien que quiera alcanzar la iluminación, el nirvana. Solo eres alguien que quiere aprovecharse de ciertos aspectos para beneficio propio, tergiversando la naturaleza del mismo.

― O sea ¿No estaba listo para esto? ¿No lo merezco?

― No. Aún mantienes intacto tu ego por más que dices que no. Aún ignoras las grandes enseñanzas para encarar este camino. No has estado haciendo el Óctuple camino. Eres una anomalía que debe ser corregida. Por lo que regresarás a tu antiguo ser.

Al escuchar esas palabras, Luis sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Intentó ver por dónde podía escapar, pero la única salida era a través de ese ente emplumado.

― Esto no significa la muerte ―aclaro su doble― solo significa que ciertos caminos estarán cerrados para ti a menos que los trates con el respeto que se merecen.

Su doble emplumado de negro, movió las manos haciendo distintos símbolos con los dedos, que Luis reconoció como mudras, y recitando palabras en un idioma que no pudo comprender. Todo a su alrededor comenzó a desarmarse y oscurecerse. Incluso él pasaba por el mismo proceso.

Cuando despertó al costado de su cama, ya no podía acceder a su almacén de la memoria, recordando apenas el encuentro con el ente emplumado de negro.

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