Aquel que habita en la oscuridad de Sebastian de Zaldua

Aquel que habita en la oscuridad

Su presencia es temida y admirada.  Silba cuando llega ya veces cuando se va. Algunos no nacieron en la oscuridad, sino que fueron arrastrados a ella, teniendo que sobrevivir.

Nadie conoce su nombre verdadero. Es el que causa sensaciones extrañas en la piel de las personas al llegar. El que te hace cuestionarte tus verdades más profundas, con un simple gesto de su mano, con una simple sonrisa que nunca termina de formarse en sus labios.

Se cuenta la historia de cuando este ser ingresó a uno de nuestros universos. No se sabe bien a cuál, pero el eco de sus hazañas trascendió todas las barreras conocidas y desconocidas.

Aquella vez que llegó, seres de la luz con máscaras grises lo persiguieron, tachándolo de una criatura oscura que debía ser destruida para proteger los distintos mundos y universos. Nada debía escapar de los bajos fondos de la existencia, allí dónde moraban nuestras peores versiones, nuestras peores decisiones y las peores deformidades que desafían a la imaginación con su mera existencia.

Intentaron emboscarlo a la salida del pequeño hotel de un pueblito olvidado de los mapas conocidos y por conocer. Pero nada pudieron hacer, ya que, aunque eran seres de la luz, las sombras eran las aliadas de aquel que habita en la oscuridad, que son hijas y hermanas de toda la luminiscencia que vive.

La pelea fue cruenta. El que venía de la oscuridad, supo defenderse de sus atacantes, pero sin mostrar esa bestialidad que les caracterizaba a las criaturas que venían de los rincones sin luz de la vida.

Uno tras otro, los seres luminosos, que se reusaron en dar sus nombres al momento de empezar la contienda, fueron cayendo. Aquel que habita en la oscuridad, peleó con bravura, pero también con corazón. Ya que intentaba poner a salvo a la gente que no tenía nada que ver con el conflicto.

Poco a poco, fue acabando con sus atacantes. Algunos cayendo bajo sus balas, otros acariciando el filo de su espada corta.

Cuando todavía quedaban un par entre su grupo enemigo, logró poner bajo los cañones de su pistola y su rifle, al que se proclamaba líder de aquellos luminosos atacantes.

― No quiero matarte ―dijo― pero me has atacado en medio de mi gran viaje. Si decides rendirte ahora y retirarte, te perdonaré la vida.

Y aunque ese hombre derrotado en el piso estaba dispuesto a morir, la piedad de aquel que habita en la oscuridad, les dejó en claro que, pese a su brutalidad, no era un ser que disfrutara con la destrucción y el sufrimiento. Sin embargo, no le temblaba la mano en caso de tener que usar tales métodos.

Luego de ese encuentro, fue dejado libre, cumpliendo su ostracismo ambulatorio sin emitir más palabras que las necesarias, silbando mientras retomaba el camino, siempre con sus armas a mano.

― Capitán ―dijo uno de los subordinados, mientras veía marcharse a aquel que habita en la oscuridad― ¿Quién es ese hombre?

― No lo sé ―respondió el Capitán, todavía sosteniéndose el brazo herido― pero esperemos que siempre esté de nuestro lado.

En ese momento comenzó a llover. Grandes gotas aporreaban todo lo que tierra sostenía sobre su espalda, acompañándolo con una orquesta de truenos, afinada y preparada para aquella tormenta.

Aquel que habitaba en la oscuridad, recorre el multiverso en busca de algo o de alguien. Sin más compañía que sus armas y su fuerza de voluntad.

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